Corte Suprema de EEUU: la IA no es «autor» de sus obras

IA creadora de obra

El Caso de Stephen Thaler

El Artista y su Tecnología

La frontera entre la creatividad humana y la inteligencia artificial mantiene un límite legal definitivo en los Estados Unidos. El pasado 2 de marzo de 2026, la Corte Suprema decidió no admitir a trámite la disputa sobre si las obras generadas íntegramente por IA pueden acogerse a la protección de derechos de autor. Con esta negativa, el máximo tribunal deja en firme las sentencias de instancias inferiores: sin un humano detrás del pincel digital, no hay «copyright».

La discusión sobre si una inteligencia artificial puede generar obras protegidas por propiedad intelectual no es nuevo. Sin embargo ahora este caso en Estados Unidos escala hasta la Corte Suprema que dio un «portonazo» y decidió ni siquiera revisar la causa.

El caso fue impulsado por Stephen Thaler, un científico de la computación que durante años ha intentado registrar la obra visual titulada «A Recent Entrance to Paradise». Lo peculiar de su solicitud es que Thaler no se atribuía la autoría, sino que buscaba que el autor oficial fuera su sistema de IA, denominado DABUS. Según su argumento, la ley debería evolucionar para reconocer la creatividad no humana en la era tecnológica.

Sin embargo, la Oficina del Derecho de Autor de EE. UU. (USCO) ha sido tajante desde el principio: el «copyright» es un derecho reservado exclusivamente para obras creadas por seres humanos. Al rechazar el caso, la Corte Suprema valida la postura de que la autoría humana es un requisito fundamental e inamovible de la ley actual, cerrando así un capítulo que ha mantenido en vilo a la comunidad tecnológica y legal.

Se tenía como antecedente el que un juez federal en Washington confirmó la decisión de la oficina en el caso de Thaler en 2023, escribiendo que la autoría humana es un «requisito fundamental de derechos de autor.» El Tribunal de Apelaciones de los Estados Unidos para el Circuito del Distrito de Columbia confirmó la sentencia en 2025.

cronologia legal caso IA de Thaler
cronologia legal caso IA de Thaler

Implicaciones de la Decisión

Este fallo tiene implicaciones profundas para las empresas y creadores que utilizan modelos generativos. Si una imagen, un texto o un código es producto directo de una IA sin una intervención humana significativa, esa obra cae automáticamente en el dominio público. Esto significa que cualquier persona podría utilizar, copiar o comercializar ese material sin necesidad de pedir permiso o pagar licencias al propietario del software.

Los abogados de Thaler advirtieron que esta decisión llega en un momento de «importancia primordial» debido al auge masivo de la IA generativa. Según su visión, no proteger estas creaciones desincentiva la inversión en nuevas tecnologías. No obstante, el sistema legal estadounidense parece priorizar la protección de la chispa creativa humana como el único motor digno de propiedad intelectual.

Es importante diferenciar este caso de aquellos donde la IA se usa solo como una herramienta. La Oficina de Derechos de Autor ha sugerido que si un artista humano utiliza IA pero mantiene el control sobre los elementos expresivos de la obra, sí podría haber protección. La clave reside en la «autonomía»: en el caso de Thaler, él defendía que la IA creó la obra de forma independiente, lo cual fue su mayor obstáculo legal.

"Una entrada reciente al paraíso", obra generado por IA
«Una entrada reciente al paraíso», obra generada por IA

Esta resolución no es un hecho aislado. La Corte Suprema ya había rechazado previamente otro intento de Thaler para obtener patentes sobre inventos generados por IA. Con este nuevo revés, se consolida una tendencia global; otros tribunales en el Reino Unido y la Unión Europea han tomado caminos similares, reforzando la idea de que los derechos de propiedad intelectual son, por definición, derechos humanos.

Para el mundo de las redes sociales y el marketing digital, el mensaje es claro: la IA es una herramienta poderosa, pero no es una «persona» ante la ley. Si tu marca depende de contenido generado por máquinas, es vital asegurar una supervisión y edición humana que garantice la titularidad de esos activos. El futuro de la IA sigue avanzando a pasos agigantados, pero la ley, por ahora, se queda con los humanos.

Situación legal en Chile

En Chile, la situación legal guarda una similitud estructural con el fallo estadounidense, ya que la Ley N.º 17.336 sobre Propiedad Intelectual define al autor como la persona natural que crea la obra. Bajo este marco, el criterio de la «originalidad» está intrínsecamente ligado a la subjetividad y el esfuerzo humano. Por lo tanto, en el sistema chileno actual, una obra generada de manera autónoma por un algoritmo tampoco contaría con protección, quedando fuera del registro de propiedad intelectual al carecer de un creador humano que pueda reclamar la titularidad.

No obstante, Chile se encuentra en una fase de transición legislativa crucial con la tramitación del Proyecto de Ley de Inteligencia Artificial. Este proyecto busca establecer un marco ético y de seguridad para el uso de estas tecnologías, promoviendo principios como la supervisión humana y la transparencia. En el debate legislativo chileno, se ha enfatizado que cualquier desarrollo de IA debe respetar los derechos de propiedad intelectual vigentes, lo que refuerza la idea de que la tecnología debe servir como herramienta del ser humano y no como un ente creador independiente con derechos propios.

Finalmente, la decisión de la Corte Suprema de EE. UU. actúa como un precedente internacional que probablemente influirá en los tribunales y legisladores chilenos. Ante el vacío normativo específico sobre IA generativa en el país, los expertos locales observan estos fallos para delimitar la «intervención humana sustancial». En el futuro cercano, las empresas chilenas deberán ser cautelosas: si el proceso creativo no está debidamente documentado como una colaboración donde el humano mantiene el control expresivo, corren el riesgo de que sus activos digitales sean considerados de dominio público, tal como ocurre ahora en el sistema estadounidense.

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